Cuando debía decidir que profesión tomar, me inscribí en la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas, perteneciente al Instituto Politécnico Nacional, para estudiar la carrera de Ingeniería Química Industrial. Ahí me entregaron un folleto informativo que incluía un listado de las áreas de trabajo donde podría incorporarme una vez que hubiere terminado la carrera. Noté que al final del listado se encontraba la de docencia. No me llamó la atención, pues yo quería estudiar una ingeniería, mas no para ser maestro.
Mi primera esposa (†) era maestra normalista, yo veía que hacía su trabajo con mucho esmero y cariño. Cuando por determinadas circunstancias me quedé sin trabajo, me acordé del folleto en que se encontraba como campo laboral la docencia. Ingresé al Conalep plantel Paraíso en el área administrativa, y al mismo tiempo se me asignaron unas horas de clases. Me gustó el trabajo de ser maestro y ahí me quedé ocho años. Por movimientos políticos internos, me retiro del Conalep y me incorporo al plantel 20 del Colegio de Bachilleres de Tabasco, con tres horas en la asignatura de Cálculo Diferencial, como era muy poco lo que se me pagaba, solicito dar clases en diferentes escuelas particulares para tratar de completar un sueldo que me permitiera solventar los gastos propios de una familia.
Al transcurrir el tiempo, se fueron abriendo mejores oportunidades, me asignaron una mayor carga horaria con la materia de Química principalmente, pero al darme cuenta que estaba tan involucrado en la docencia y que me agradaba el hecho de trabajar con jóvenes a quienes podría inculcarles valores y transmitirles los conocimientos que poseía, me dediqué a tomar diversos cursos, talleres y diplomados de formación docente, relacionados con la didáctica y la pedagogía, con la psicología del adolescente, con la planeación y la evaluación, así como los de índole disciplinar, a asistir y participar en diversos eventos académicos organizados por instituciones de nivel medio superior y superior dentro del país, a hacer un poco de investigación educativa, y concluir una maestría en Ciencias de la Educación, lo que me ha colocado en una mejor posición dentro del plantel.
El hecho de trabajar con adolescentes me ha dado muchas satisfacciones, al verlos después colocados en puestos importantes o no tan importantes, pero que veo que son personas de bien para la sociedad. Mas mis insatisfacciones se presentan cuando veo a varios alumnos, que a pesar del empeño férreo que pongo en lograr que comprendan, que la preparación que ahora reciben es para que en el futuro puedan resolver más fácilmente los problemas que se les presenten, no importando si terminan una carrera o no.
Antes de terminar la carrera de ingeniería, anhelaba con trabajar en una empresa química, con equipo industrial de grandes dimensiones, porque consideraba que eso representaba una gran responsabilidad, y además podía ganar mucho dinero, anhelo que se hizo realidad, pues, trabajé en la Cervecería Modelo, una fábrica de antibióticos y Petróleos Mexicanos. Ahora, en mi labor como docente, pienso que tengo una mayor responsabilidad, porque mi “materia prima”, son mis alumnos, quienes tienen intereses diferentes, anhelos personales, características muy particulares, voluntad propia y que solo siendo un profesor íntegro y auténtico, es como se les moldea, dejando huella en lo más profundo de su ser.
Hola Enrique:
ResponderEliminarVaya manera de encontrarte y enamorarte de la docencia... creo que lo más importante es que te has tomado la docencia como un espacio de encuentro y crecimiento mutuo con los estudiantes, a los cuales reconoces en su condición de sujetos, más allá de su condición de elementos de una institución escolar y que ves en ellos un proyecto de ser humano que se está forjando... te felicito por ese compromiso y pasión en tú quehacer como docente